Marco Teórico General

«Si tu estrategia de inversión depende de hacer buenas predicciones, tarde o temprano está condenada al fracaso».

El fondo de inversión Affinium Internacional ofrece a sus suscriptores la implementación concreta y eficiente del Marco Teórico General de inversión de Marcos Pérez, popularizado en sus charlas como estrategia “botijo” y especialmente “estrategia austríaca”.

Dicho marco conceptual se configura por la manera en que respondemos a las tres preguntas fundamentales de toda inversión:

  1. ¿En qué activos invertir?
  2. ¿Cuánto invertir en cada activo (o qué modelo de asignación de activos elegir)?
  3. ¿Qué gestión del riesgo implementar?

Para responder, antes de nada debemos tener en cuenta los límites que nos impone la propia naturaleza de los mercados. En otras palabras, si se aspira a que una estrategia de inversión pueda ser rentable en el futuro, el primer paso y condición necesaria es no intentar ir contra su naturaleza, sino aceptarla y actuar en consecuencia.

Así, dos propiedades inevitables de lo mercados configuran los Principios que dirigen nuestras respuestas y las opciones de inversión concretas que se implementan en Affinium:

  • Los mercados son necesariamente impredecibles: Las decisiones de los múltiples participantes en la economía y los mercados —sean éstos personas individuales o instituciones—, dependen de sus diferentes valoraciones, percepciones, expectativas, prioridades, cambios de opinión, influencias cruzadas y dinámicamente entrelazadas, así como sus distintas y cambiantes preferencias temporales y de riesgo. Aunque el rango de dichas decisiones está limitado por las instituciones sociales, sesgos cognitivos y emocionales, así como otras restricciones prácticas, la libertad fundamental del ser humano hace que sea intrínsecamente imposible —independientemente de los medios, talento y técnicas de que se disponga por sofisticadas o novedosas que éstas sean— predecir de manera consistente la futura evolución de órdenes emergentes producto de la libre acción humana como son la economía y los mercados financieros. Es decir, el futuro económico y de los mercados están impregnados de una incertidumbre inerradicable, como efectivamente confirma hasta la saciedad la evidencia empírica (ver charla).
  • Los ciclos económicos y de mercado son inevitables: Los participantes actúan y crean con sus decisiones el sistema hipercomplejo de la economía; un sistema que está siempre y necesariamente fuera del equilibrio. Es decir, nunca puede haber un consenso estático y aceptado por todos los participantes en cuanto a todos los precios que intervienen en la economía y los mercados financieros. Es pues la acción agregada de los participantes en los mercados la que cristaliza —como propiedad emergente observable en el medio y largo plazo, pero no predecible— en algún punto del espacio de fases de crecimiento-recesión e inflación-deflación (dibujo a continuación). Llamamos ciclos al impredecible transitar de la economía observable por dicho espacio de fases. En resumen, es la propia acción humana —enfrentada a la incertidumbre inerradicable que caracteriza el fenómeno económico—, la que produce de forma inevitable los ciclos en los mercados financieros y la economía.

A partir de estos dos principios o propiedades de los mercados —que se pueden deducir tanto desde la Teoría de Sistemas Complejos como de la Escuela Austríaca de Economía (ver charla y artículo)—, nuestras respuestas a las tres preguntas configuran el Marco General que lleva al proceso de inversión de Affinium:

  1. ¿En qué activos invertir?
    • Incluir en cartera suficientes clases de activos para cubrir eficientemente el espacio de fases de la economía, de tal manera que cuando los participantes en los mercados polarizan la economía en alguno de sus estados fundamentales o combinación de éstos —independientemente de si la causa es endógena o exógena—, se disponga en cartera de al menos una clase de activo que se revalorice significativamente en dicho/s estado/s. La analogía que subyace es la de un isomorfismo entre activos y estados de la economía, lo suficientemente consistente para generar rentabilidad a largo plazo a medida que la economía se mueve por su espacio de fases atravesando sus inevitables pero impredecibles ciclos.
  2. ¿Qué modelo de asignación de activos elegir?
    • Los activos en cartera estarán equiponderados, pues si no es posible asignar una mayor probabilidad (predecir) al estado siguiente de la economía, entonces tampoco se puede justificar asignar más capital a un activo que a otro. (Principio de Razón Insuficiente de Laplace o de Máxima Entropía de Jaynes). 
  3. ¿Qué gestión del riesgo implementar?
    • Cuanto más indeterminista e impredecible sea un entorno —como los mercados financieros— más apropiado y conveniente es aplicar un control del riesgo de tipo convexo; como nos enseña la evolución biológica. Ejemplo de gestión del riesgo convexo que Affinium incorpora implícitamente es el que subyace al proceso de indexación, al utilizar índices para conseguir exposición a los activos. En Affinium nos enfocamos pues activamente en reducir el riesgo —eliminarlo totalmente es intrínsecamente imposible y una contradicción con la naturaleza de los mercados—, entendido como la reducción de las pérdidas desproporcionadas. Para ello, se utilizan unas pocas pero prudentes y eficaces técnicas agnósticas y convexas.

El siguiente esquema resume el Marco Teórico General —visión generatriz o modelo mental— que subyace en Affinium y otras aproximaciones a la inversión robustas, consistentes y similares de probada eficacia y siglos de tradición inversora:

Marco Teórico General subyacente de Affinium

En resumen, el fondo Affinium invierte de manera:

  • Equiponderada (ver en esta charla por qué la equiponderación es el mejor modelo de distribución de activos que podemos implementar cuando no es posible predecir el futuro de manera consistente)
  • Indexada (ver en esta charla por qué los índices son los mejores «ladrillos» para construir carteras)
  • Internacional; consiguiendo a través de índices exposición a 8.945 empresas de 52 países diferentes
  • En las cuatro clases de activos tradicionales con miles de años de historia:
    • ¼ bolsa, ¼ inmobiliario, ¼ bonos y ¼ oro.
  • Exposición directa a los índices —siempre que sea posible— a través de instrumentos derivados seguros y eficaces. Se evita así, en la medida de lo posible, el uso de productos de terceros fuera de nuestro control como por ejemplo ETFs o fondos indexados.
  • Además, se reducen las pérdidas desproporcionadas aumentando la convexidad y asimetría de la cartera mediante es uso de unas pocas técnicas agnósticas.
Las cuatro clases de activos clásicas y tradicionales, debido a sus propiedades y razones intrínsecas de crecimiento a largo plazo, son suficientes para cubrir los ciclos de los mercados así como los diferentes puntos del espacio de fases por los que la economía cristaliza y transita —impredecible pero inevitablemente— a lo largo del tiempo.

«Vía Negativa»

Es habitual en la industria de la inversión intentar añadir valor incorporando más elementos, novedades y una mayor complejidad en sus productos y servicios como vía para satisfacer las demandas —racionales o no— de la mayoría de clientes. Sin embargo, en Affinium seguimos el camino opuesto, similar al de los escolásticos de la Alta Edad Media y llamado vía negativa: Se busca deliberadamente la frugalidad en los elementos e hipótesis utilizados, a través de eliminar «aquello que sobra» y de rechazar lo susceptible de añadir riesgos o que no aporte claramente valor al objetivo de largo plazo. Esto es, se descartan aquellas formas, instrumentos y estilos de inversión que no sean coherentes con la naturaleza de los mercados recién expuesta en los dos Principios, ni sean compatibles con las conclusiones alcanzadas en las décadas de experiencia profesional en los mercados financieros acumulada por el equipo.

En otras palabras, aceptar la impredictibilidad de los mercados e inevitabilidad de los ciclos, unido a la eficiente implementación que aporta la larga experiencia del equipo, limita en primer lugar el número de potenciales estrategias de inversión elegibles. Y en segundo lugar también limita, de nuevo por eliminación, otros parámetros prácticos —técnicas, procesos, instrumentos, etc.— igualmente necesarios e imprescindibles para el éxito de toda inversión. Debemos tener siempre presente en todo instrumento o vehículo de inversión que la implementación operacional es parte igualmente necesaria y esencial en la obtención de los resultados deseados, como se detalla en Proceso de Inversión. Desafortunadamente, no vale «cualquier manera» de llevar a la práctica un marco o estrategia de inversión por atractivo que sea «en teoría»: Una implementación operacional deficiente puede erosionar y dañar tanto el potencial de una buena estrategia que puede llegar a diluir sus propiedades.

Es en ese paso «de la teoría a la práctica» donde la larga experiencia profesional en la industria y mercados financieros del equipo es clave, pues agrega un valor añadido muchas veces invisible o no lo suficientemente valorado por el inversor, que tiende a fijarse en otros factores menos relevantes pero más inmediatos a simple vista.

Por ejemplo, la vía negativa también se aplica en la construcción práctica de cartera: A la hora de decidir en qué países y/o índices se invierte dentro del universo mostrado en la sección de Proceso de inversión, la selección no se hace eligiendo en qué países e índices invertir, sino «por descarte» de aquellos donde no consideramos suficientemente prudente o adecuado estructuralmente invertir. Esto es, no se seleccionan dentro del universo de inversión países e índices deliberadamente en una especie de index-picking intentando elegir «los que mejor se comportarán en el futuro» (esto sería contrario al Principio de impredictibilidad), sino que la cartera se configura con «lo que queda del mundo» después de haber descartado todo lo demás. También se descartan así instrumentos financieros, vehículos y técnicas que no consideramos sean lo suficientemente eficientes o seguras.

Abrazar la incertidumbre

La potencia, robustez y seguridad de esta manera de invertir es que no depende de estimar ningún futuro (algo a lo que se dedica gran parte de la industria con sus constante producción de nuevos escenarios, pronósticos y narrativas). Es precisamente la renuncia intencionada a la predicción —esto es, abrazar la imposibilidad de predecir consistentemente el futuro de los mercados y actuar en consecuencia—, lo que confiere a Affinium su robustez frente al siempre incierto futuro y ventaja frente a las estrategias que necesitan hacer estimaciones de futuro exitosas para ser rentables. Affinium se limita a capitalizar, a través de los activos tradicionales, los sucesivos estados por los que transitan los mercados y la economía como epifenómenos de la acción humana, independientemente de sus causas. Causas que, de nuevo, son intrínsecamente imposibles de conocer ni anticipar.

Cuando el futuro no es algo «por descubrir» (a la manera de las ciencias duras a través de sus leyes con capacidad predictiva), sino algo «por crear» (que aún no existe por ser producto de la acción humana); aceptar las limitaciones del «no saber» —y actuar en consecuencia— se convierte en la manera más prudente, conveniente y a la vez más poderosa de invertir para todo inversor sobrio y realista.

La «aburrida» simplicidad; una propiedad necesaria en entornos impredecibles

La deliberada simplicidad conceptual del marco en el que se basa Affinium busca un equilibrio entre la resiliencia y la rentabilidad que sólo es posible alcanzar tratando de ser compatibles con cualquier futuro. Adaptarse demasiado al régimen presente o a un hipotético futuro —por plausible y muy probable que nos parezca— sólo puede restar posibilidades de supervivencia en el largo plazo. Es decir, la incertidumbre inerradicable que caracteriza a la economía y los mercados hace imposible prever consistentemente no sólo lo que va a ocurrir, sino tampoco los imprevisibles e inevitables cambios de régimen que experimentan los mercados. Cambios imprevisibles de régimen que tarde o temprano convierten en obsoletos las técnicas, estilos y modelos «de éxito» que mejor se han comportado recientemente.

En Affinium pensamos que lo perfecto es enemigo de lo bueno. En analogía con la evolución biológica, si lo que se busca al invertir es lo que podríamos llamar una «supervivencia» entendida como la preservación rentable del patrimonio a largo plazo, creemos que es más racional renunciar a intentar ser la «estrategia perfecta» o la más «sexy» del momento. Al contrario, con nuestro Margo General priorizamos maneras de invertir quizá más aburridas y «feas» —ni atractivas, ni a la moda—, pero susceptibles de sobrevivir a los inevitables e imprevisibles cambios del futuro.

Es decir, elegimos deliberadamente renunciar a la seductora tentación de perseguir “la mejor” inversión posible en el corto plazo vía un aumento de la sofisticación y complejidad. A cambio, no ser la «mejor (y más popular) estrategia» nos permite en primer lugar reducir el riesgo de pérdida permanente del capital a largo plazo por exceso de confianza en un criterio o modelo; algo que para el equipo es la principal prioridad. Y en segundo lugar y no menos importante, ofrecer al inversor en Affinium el retorno total que ya nos dan de forma natural en el largo plazo las clases de activos tradicionales que componen la cartera de Affinium.


El aumento de complejidad y sofisticación es conveniente cuando las propiedades del sistema son suficientemente deterministas, como por ejemplo la creciente eficiencia de los motores de explosión al aprovechar de manera cada vez más sofisticada la Termodinámica de los gases (punto ‘b’). Sin embargo, en los mercados financieros —paradigma de entorno caracterizado por una incertidumbre inherente e inerradicable— «menos es más». Es decir, una mayor eficiencia al invertir no se alcanza aumentando indefinidamente la complejidad de los modelos (punto ‘c’), sino manteniéndola en un nivel óptimo y razonable de complejidad (punto ‘a’) adecuado y coherente con su naturaleza.

En otras palabras, la manera robusta, prudente, diversificada y en cierto modo «aburrida» de invertir de Affinium, implica renunciar a buscar activamente cuáles podrían ser las inversiones ‘oportunísticamente’ más rentables (sean éstas «nuevos modelos cuantitativos e innovadores» de inversión o los activos de moda), al considerar dicho esfuerzo vano en el largo plazo por la imposibilidad de predecir el futuro consistentemente.

Como consecuencia, el inversor en Affinium debe tener siempre presente que esta prudencia lleva inevitablemente a quedar temporal y sucesivamente por detrás en rentabilidad cuando esporádicamente las nuevas burbujas, modelos y activos de moda muestran rentabilidades en el corto y medio plazo que son mucho más llamativas comparadas con Affinium.

En conclusión, Affinium aprovecha de forma eficiente tanto la conveniencia de la diversificación, convexidad y simplicidad en entornos impredecibles; como las inevitables consecuencias a medio y largo plazo que tienen en las clases de activos tradicionales la propia acción humana en mercados libres. No es necesario entonces perseguir las novedades y modas pasajeras (y mucho menos intentar inútilmente anticiparlas), ni atender a la esquizofrenia de los mercados en el corto plazo: La rentabilidad que se consigue de esta forma eficaz, prudente y natural —un retorno total neto similar a la bolsa a largo plazo, pero con menor profundidad en las pérdidas y menor volatilidad— es suficiente para alcanzar los objetivos de un inversor prudente y sobrio.